“El lenguaje no es una creación arbitraria de la mente humana, sino un producto social e histórico que influye en nuestra percepción de la realidad. Al transmitir socialmente el ser humano las experiencias acumuladas de generaciones anteriores, el lenguaje condiciona nuestro pensamiento y determina nuestra visión del mundo”. (Recomendaciones sobre uso no sexista del lenguaje-Unesco).
Los campos a los que pertenecen los insultos pueden ser múltiples y variados, pero el aspecto físico y la edad (marcas físicas personales), la sexualidad y sus connotaciones, así como las profesiones, son una fuente importante para analizar el sexismo, es decir, el simbólico social”. (El libro del buen hablar- Pilar Careaga).
Así pues, para un niño podemos encontrarnos insultos como “es el más gallito de la clase” o para una niña “se comporta como una gallina clueca”. En el primero de los casos el insulto tiene más bien una connotación casi positiva, pues se está diciendo que es un pequeño líder, y en el segundo el insulto, el de la niña, tiene una connotación negativa.
Se insulta para ofender y se ofende con registros diferentes que responden a estereotipos de género.
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